Ruta urbana
Monumento en homenaje
a los trikitilaris
Zumarraga, un pintoresco pueblo enclavado en los montes profundos de Gipuzkoa, es un lugar cuya identidad y cultura están profundamente marcadas por la música y la historia. Este pequeño rincón de Euskal Herria no solo es conocido por su impresionante patrimonio histórico y cultural, sino también por haber sido un crisol de influencias musicales que han dejado una huella indeleble en la cultura vasca, particularmente a través de la trikitixa, uno de los pilares de la música popular del País Vasco.
La conexión de Zumarraga con la música tiene raíces profundas, que se remontan a la llegada del acordeón diatónico en el siglo XIX. En 1859, durante la construcción del tramo del ferrocarril del Norte que pasaba por Zumarraga, un grupo de trabajadores italianos provenientes de los valles alpinos trajo consigo este instrumento. Entre ellos se encontraba Juan Bautista Busca Prietto, quien, al igual que muchos de sus compatriotas, llegó con su acordeón para amenizar las largas noches de trabajo en los campamentos del ferrocarril. Su presencia en Zumarraga fue determinante: no solo se convirtió en el primer acordeonista documentado en la zona, sino que, en 1864, abrió una taberna donde tocaba regularmente para sus clientes, marcando el comienzo de la presencia del acordeón en la vida cultural del pueblo.
Esta introducción del acordeón diatónico, un instrumento relativamente nuevo en las regiones alpinas, rápidamente se integró en la vida cotidiana y festiva de Zumarraga y sus alrededores. El acordeón pasó a ser el centro de las celebraciones, especialmente en las romerías, donde se convirtió en la música predilecta de la comunidad rural vasca. La trikitixa, como se conoce hoy este estilo, se estableció como la banda sonora de la identidad vasca, particularmente en la zona donde se habla euskera y donde las tradiciones se mantienen vivas con intensidad.
La importancia de Zumarraga en el desarrollo de la trikitixa es innegable, y este legado se conmemora de manera simbólica con una escultura colocada en una rotonda frente a la Iglesia de Santa María de la Asunción, inaugurada en el contexto festivo de Santa Lucía el 12 de diciembre de 2004. La obra, de estilo expresionista y realizada en bronce por el escultor Antonio Oteiza, presenta dos figuras: una con la trikitixa y la otra con el pandero. Esta escultura no solo es una obra artística, sino un homenaje al papel fundamental de Zumarraga en la historia de la música vasca, especialmente de la trikitixa.
Este amor por la música no es algo reciente. La tradición musical de Zumarraga ha sido transmitida por generaciones, con figuras destacadas como Juan Ignacio Busca, nacido en el pueblo en 1868, quien fue reconocido como uno de los mejores organistas europeos de su época. Por otro lado, Secundino Esnaola, otro hijo predilecto de Zumarraga, fue un renombrado director del Orfeón Donostiarra, conocido por su capacidad para dirigir con delicadeza y extraer matices inigualables de la agrupación. Para finalizar, tenemos al grupo Zumarragako Trikitixa; que con sus más de 100 años de existencia, han sigo el primer grupo de trikitixa creado en el País Vasco y han tenido especial importancia en la difusión de esta. Estos personajes son solo algunos de los muchos que han contribuido al renombre musical de Zumarraga.
El vínculo entre Zumarraga y la música, y especialmente con la trikitixa, se sigue celebrando hoy en día en eventos como el Ciclo de Música de la Antigua, un festival que celebra la música instrumental, vocal y espectáculos diversos. Esta celebración, que se lleva a cabo cada año en septiembre, es un recordatorio del papel crucial que ha jugado Zumarraga en la cultura vasca y de cómo su patrimonio musical sigue siendo una parte esencial de la vida del pueblo.
La música, la historia y la identidad de Zumarraga están irremediablemente entrelazadas. Este pequeño pero significativo rincón de Gipuzkoa ha sido un nudo de intercambio de ideas, personas y tradiciones, particularmente a través del ferrocarril que, desde 1859, no solo trajo el acordeón, sino también nuevas formas de pensar y nuevas culturas. A través de su legado musical, Zumarraga sigue siendo un reflejo de la riqueza cultural de Euskal Herria, un lugar donde la historia se escucha, se siente y se vive cada día, especialmente a través del inconfundible sonido de la trikitixa.

